viernes, 11 de julio de 2008

Cerrando otra puerta

Nadie va a entender el orgullo desbordante en el que me consumía cuando te veía en escena. Esa vanidad absurda de saber que yo era la privilegiada en conocerte.
Para todos los presentes, vos eras sólo un gran artista, para mí, eras la razón de existencia en este planeta.
Nadie sabía cómo reías, yo sí. Nadie conocía tu voz al despertar, el color de tus medias favoritas, la cara que hacías cuando tomabas una gaseosa, yo conocía todo eso. Jamás van a saber de la tristeza que sólo compartías conmigo, ni de tus tatuajes ocultos, ni de tus sueños futuros. Sólo yo lo sabía.
Para ellos eras el espectáculo de unos minutos, pero no conocían tu forma de planchar la ropa, ni la vergüenza que te daba hablar de ciertas cuestiones, ni tu sonrisa tímida cuando me decías cosas de enamorado.
Ninguna de las personas del público se va a estremecer como lo hice yo, cuando te agachaste frente a mí y tomando mi cara entre tus manos me dijiste mirándome a los ojos: “Adoro tu alma, sos hermosa”.
Yo sé como vivías, sé lo que te importaba y lo que no, conozco tus manías, y distingo perfectamente cuando tus risas son sinceras. Ellos no.
El público no se dio cuenta de tus ojos tristes esa tarde cuando hiciste un show desplegando tus dotes de comediante, yo sí lo noté.
Ellos que se reían con tus chistes, no tienen idea de cómo cuidabas tus manos, de tu obsesión por la ropa limpia, de tu creatividad continua que me divertía tanto, ni de la forma en que llorabas cuando yo te decía que me convertías en un mejor ser humano.
Nadie notó las mil veces que me guiñaste el ojo en las funciones, mientras yo me mezclaba con esa gente que no entendía nada de vos.
Ninguno te escuchó cantar mientras cocinabas, ni bailar cuando barrías el piso, y sólo unos pocos te vieron parado en la mitad de la calle gritando que me amabas.

Pero cuando recuerdo la tarde en que te fuiste, deseo con toda el alma haber sido alguien del público, una persona a la que hiciste reír en los 20 minutos de tu show, un ser humano más, que no comprendía nada de tu alma, alguien simple a quién nunca hiciste feliz, y a quien no le arrancaste las ganas de sonreír.

Pero ya ves que todo siguió adelante, me queda licencia por muerte espiritual unos meses más, y todo continua girando aunque no tenga mucho sentido.

Y todo esto es un giro más a la cerradura, quiero que sepas que estas son las últimas palabras que te escribo.